Tipos de dolor · Espalda

Dolor de espalda que no se va: por qué duele y qué se puede hacer

Dolor de espalda crónico: causas y tratamiento

El dolor de espalda es uno de los motivos de consulta más frecuentes y, a la vez, uno de los peor explicados. Cuando se cronifica deja de ser solo un problema de la columna: te cambia el sueño, el ánimo y los planes. Aquí te contamos, sin tecnicismos, por qué duele y qué opciones reales existen.

El Dr. Martín Rodríguez Banqueri infiltrando la columna lumbar guiado por escopia en la sala de intervencionismo de Clínica Dolentia; en el monitor, la imagen radioscópica de las vértebras que guía la aguja
Dr. Martín Rodríguez Banqueri en la sala de intervencionismo de Dolentia. En los monitores, la imagen de escopia de la columna que guía el procedimiento.

En 30 segundos

  • Si te duele la espalda desde hace meses y las pruebas «salen bien», tu dolor es real: no toda causa se ve en una resonancia.

  • El dolor de espalda crónico casi nunca tiene una sola causa. Suele mezclar algo mecánico y una sensibilización del sistema nervioso, que también se trata.

  • El reposo prolongado no es la solución: el movimiento bien dosificado forma parte del tratamiento.

  • En Dolentia buscamos primero por qué te duele y luego ordenamos las opciones, de lo menos invasivo a lo más específico.

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Dr. Martín Rodríguez Banqueri

Nº colegiado 231809963

Unidad del Dolor · Úbeda (Jaén)

El dolor de espalda crónico es el que persiste más allá de tres o cuatro meses, más tiempo del que tardaría en curar una lesión concreta. Puede aparecer en la zona lumbar (la parte baja, la más habitual), en la zona dorsal (la media) o en la cervical (el cuello), y a veces se irradia hacia una pierna o un brazo. En muchos casos no responde a una única causa, sino a una combinación de factores del cuerpo y del sistema nervioso que aprende a mantener la alarma encendida.

Que una resonancia o una analítica salgan «bien» no significa que tu dolor no sea real: significa que ese tipo de prueba busca daño estructural, y el dolor de espalda crónico puede sostenerse sin una lesión visible que lo explique. En la Unidad del Dolor de Dolentia partimos de ahí: primero entender por qué te duele —el mecanismo—, y solo después decidir qué tratamiento tiene sentido para tu caso.

¿Qué tipos de dolor de espalda hay?

Lumbar, dorsal, cervical o irradiado: bajo la palabra «espalda» caben zonas muy distintas, con causas y tratamientos también distintos.

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«Espalda» es una palabra grande. Bajo ella caben zonas muy distintas, con causas y tratamientos también distintos. Distinguirlas es el primer paso para no tratar a todo el mundo igual.

Además de por su localización, el dolor de espalda se describe por su recorrido: hay dolor local, que se queda en la zona, y dolor irradiado, que baja por una pierna (la clásica ciática) o por un brazo cuando el origen está en el cuello. Ese matiz orienta mucho sobre qué estructura está implicada.

Dolor lumbar (parte baja)

El más frecuente. Aparece en la zona de los riñones y puede irradiarse hacia el glúteo o la pierna. Suele mezclar componentes musculares, articulares, discales y nerviosos.

Dolor dorsal (parte media)

Entre los omóplatos. A menudo se relaciona con la postura mantenida, la tensión muscular y el trabajo estático; conviene descartar otras causas cuando es persistente.

Dolor cervical (cuello)

Puede quedarse en el cuello o subir hacia la cabeza (cefalea cervicogénica) y bajar hacia el brazo. Tiene su propia guía dentro de la unidad.

Dolor irradiado (ciática y similares)

Cuando el dolor viaja por una extremidad suele haber un nervio irritado o comprimido. Cambia el enfoque diagnóstico y las técnicas que pueden ayudar.

¿Por qué me duele la espalda? Causas mecánicas y causas nociplásticas

Casi nunca hay una sola causa: algo mecánico (disco, articulación, músculo, nervio) y algo nociplástico (un sistema nervioso más sensible). La imagen no es el dolor.

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Durante años se explicó el dolor de espalda como un problema puramente «de máquina»: un disco desgastado, una vértebra, una hernia. Esa mirada mecánica es real y sigue siendo importante, pero es incompleta. Hoy sabemos que el dolor persistente tiene, casi siempre, más de un motor.

Las causas mecánicas son las que tienen que ver con la estructura: sobrecarga muscular, articulaciones facetarias, discos, ligamentos o una raíz nerviosa irritada. Explican bien el dolor agudo —el que aparece tras un esfuerzo y mejora en unas semanas— y una parte del crónico.

Las causas nociplásticas son otra cosa. Cuando el dolor se mantiene mucho tiempo, el propio sistema nervioso puede volverse más sensible y seguir generando dolor aunque el tejido que lo originó ya haya sanado. No es que el dolor esté «en tu cabeza»: es un cambio real en cómo el sistema procesa las señales. Por eso hay personas con una resonancia llena de hallazgos y ningún dolor, y otras con una resonancia limpia y un dolor invalidante. La imagen no es el dolor.

En la práctica, el dolor de espalda crónico suele ser una mezcla: algo de mecánica, algo de sensibilización, y factores que echan leña al fuego —mal sueño, estrés sostenido, miedo al movimiento, inactividad—. Tratar solo una parte y olvidar el resto es la razón más común de que un dolor «no se vaya».

¿Cuándo se cronifica el dolor de espalda?

La mayoría de los episodios de dolor de espalda mejoran solos. El problema no es el primer pinchazo, sino cuando el dolor se instala y se vuelve la banda sonora del día a día. De forma orientativa, se habla de dolor crónico cuando persiste más allá de tres meses; pero más importante que el calendario es la trayectoria: si en lugar de ir a mejor el dolor se estabiliza o va conquistando terreno.

Hay factores que aumentan el riesgo de que un dolor de espalda se cronifique, y muchos no tienen que ver con la columna: el miedo a moverse por temor a hacerse daño, evitar toda actividad, dormir mal, atravesar una etapa de estrés o bajón de ánimo, o haber vivido varios episodios previos. Reconocer estas señales a tiempo cambia el pronóstico.

Por eso en Dolentia la valoración no empieza en la consulta, sino antes: al pedir cita recibes una evaluación online con cuestionarios validados que ayudan a estimar qué riesgo tiene tu dolor de cronificarse y en qué dimensiones conviene actuar primero. Cuanto antes se abre esa conversación, más margen hay para reconducir la situación.

El papel de la sensibilización central

Cuando el dolor lleva mucho tiempo, el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a cosas que antes no dolían. El mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo.

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Cuando el dolor de espalda lleva mucho tiempo contigo, entra en juego un fenómeno llamado sensibilización central: el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a estímulos que antes no dolían —estar sentada un rato, un gesto cotidiano, el simple roce de la ropa en un mal día—. Es el mismo mecanismo que explica buena parte del dolor de la fibromialgia, y es una pieza clave para entender por qué dos personas con la misma radiografía pueden vivir dolores tan distintos.

La buena noticia es que el mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo. No con un interruptor, sino con un abordaje que combine calmar la señal, recuperar movimiento sin miedo y trabajar los factores que mantienen la alarma encendida. Es un concepto tan central en nuestra forma de trabajar que tendrá pronto su propia guía dentro de esta web; mientras tanto, lo integramos en cada plan de tratamiento de espalda.

¿Qué ejercicio puedo hacer para el dolor de espalda sin que empeore?

Es, con diferencia, la pregunta que más gente se hace. Y la respuesta corta ha cambiado en los últimos años: el reposo prolongado ya no es la recomendación. Quedarse quieto alivia el primer día, pero a medio plazo el sedentarismo debilita, agarrota y suele empeorar el dolor de espalda crónico. El movimiento, bien dosificado, forma parte del tratamiento.

La idea clave es la de ventana de tolerancia: no forzar hasta el dolor, pero tampoco evitarlo todo. Se empieza con movimiento suave y progresivo —caminar, movilidad de columna, ejercicio de fuerza adaptado— y se va subiendo poco a poco, dando al cuerpo la oportunidad de comprobar que moverse es seguro. Que aparezca algo de molestia durante o después no significa que te estés dañando; lo que se evita son los picos bruscos y el «todo o nada».

Dicho esto, «ejercicio» no es una receta única: lo que le va bien a una lumbalgia mecánica puede no encajar en un dolor irradiado o muy sensibilizado. Por eso, más que una tabla genérica sacada de internet, conviene una pauta individual. En Dolentia esa parte la lleva la unidad de fisioterapia, dentro del mismo plan y no como un consejo suelto.

«Me habían dicho que descansara. Lo que me faltaba era alguien que me enseñara a moverme sin miedo.»
En voz de quien convive con el dolor

¿Cómo se trata el dolor de espalda crónico?

No hay un tratamiento único para el dolor de espalda, sino un abanico que se combina según el mecanismo de cada caso. En Dolentia lo entendemos como una escalera que se recorre de lo menos invasivo a lo más específico, y siempre a partir de una evaluación completa —ninguna técnica se indica «a ciegas».

El Dr. Martín Rodríguez Banqueri realizando un procedimiento percutáneo guiado por escopia sobre la columna en la sala de intervencionismo de Clínica Dolentia
Técnicas mínimamente invasivas guiadas por imagen en nuestra sala de intervencionismo. Solo cuando aportan, y siempre dentro de un plan completo.
Ver la escalera de tratamiento, escalón a escalón

1 · Educación y ejercicio terapéutico

La base. Entender el dolor reduce el miedo, y el movimiento pautado recupera capacidad. Es el punto de partida de casi todos los planes, no el último recurso.

2 · Tratamiento del dolor y de los factores que lo mantienen

Abordar sueño, ánimo y estrés cuando alimentan el dolor, con el apoyo de psicología del dolor si el caso lo pide. Aquí se trabaja la sensibilización.

3 · Infiltraciones y radiofrecuencia guiadas

Cuando hace falta una ventana de alivio para poder moverse, se usan técnicas mínimamente invasivas guiadas por imagen (ecografía o radioscopia) en nuestra sala.

4 · Bloqueos nerviosos y neuromodulación

Para dolores más rebeldes o irradiados, técnicas dirigidas al nervio que transmite la señal, reservadas para los casos que las necesitan.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

No hace falta esperar a estar desesperada. Si el dolor de espalda dura más de unas semanas, si vuelve una y otra vez, si te está quitando sueño o ganas de hacer planes, o si ya has pasado por varios profesionales sin una explicación que encaje, es un buen momento para una valoración con una mirada completa.

Hay además señales que conviene consultar sin demora —pérdida de fuerza en una pierna, alteraciones para controlar el pis o las heces, adormecimiento en la zona de la entrepierna, fiebre o pérdida de peso sin explicación junto al dolor—. No son lo habitual, pero ante cualquiera de ellas lo prudente es buscar atención médica pronto.

En la Unidad del Dolor de Dolentia no hay listas de espera de meses: pides tu cita y el equipo estudia tu caso para decirte cuál sería el siguiente paso. Sin prometer milagros y sin listas de espera de meses.

«Llevaba años saltando de médico en médico. Lo que necesitaba no era otra prueba, sino que alguien juntara todas las piezas.»
En voz de quien convive con el dolor

Preguntas frecuentes

Dolor de espalda: lo que más nos preguntáis

¿Por qué me sigue doliendo la espalda si las pruebas salen bien?

Porque muchas pruebas —analíticas, radiografías, resonancias— buscan lesión estructural, y el dolor de espalda crónico puede mantenerse sin una lesión visible que lo explique. Cuando el dolor se cronifica, el sistema nervioso puede volverse más sensible y seguir generando dolor aunque el tejido haya sanado. Que la prueba salga limpia no significa que tu dolor no sea real: significa que hay que buscar el porqué en el mecanismo, no solo en la imagen.

¿Qué ejercicio puedo hacer si me duele la espalda sin que empeore?

Como norma general, el reposo prolongado empeora el dolor de espalda crónico a medio plazo. Lo habitual es empezar con movimiento suave y progresivo —caminar, movilidad y fuerza adaptada— dentro de una «ventana de tolerancia»: sin forzar hasta el dolor, pero sin evitarlo todo. Qué ejercicio concreto te conviene depende de tu caso (no es lo mismo una lumbalgia mecánica que un dolor irradiado o muy sensibilizado), por lo que lo ideal es una pauta individual y no una tabla genérica.

¿Hacer ejercicio con dolor de espalda puede empeorarlo?

Hecho de forma brusca o «todo o nada», puede provocar un pico de dolor puntual. Hecho de forma progresiva y bien dosificada, el ejercicio es parte del tratamiento, no un riesgo. Que aparezca algo de molestia durante o después no equivale a hacerse daño; lo que se evita son los aumentos bruscos de carga. Si tienes dudas sobre dónde está tu límite, una pauta supervisada te da seguridad para moverte sin miedo.

¿El dolor de espalda crónico es para siempre?

No necesariamente. El pronóstico depende mucho de cuándo se empieza a abordar de forma completa —física, emocional y funcional— y de los factores de riesgo de cronificación de cada persona. Cuanto antes se actúa, más margen hay. No prometemos una cura milagrosa, pero sí que el mismo sistema que aprendió a doler puede, con el abordaje adecuado, aprender a hacerlo menos.

¿Cuándo debería preocuparme por un dolor de espalda?

La mayoría de los dolores de espalda no son peligrosos, aunque sean molestos. Conviene consultar sin demora si aparece pérdida de fuerza en una pierna, dificultad para controlar la orina o las heces, adormecimiento en la zona de la entrepierna, fiebre o pérdida de peso sin explicación, dolor que no cede ni de noche ni en reposo, dolor que aparece tras un golpe o accidente importante, o si tienes antecedentes de cáncer, osteoporosis o tomas corticoides o inmunosupresores de forma mantenida. También si el dolor dura semanas, reaparece con frecuencia o te está afectando al sueño y al ánimo: en ese caso no es una urgencia, pero sí un buen momento para una valoración.

¿La operación es la única solución para el dolor de espalda?

En la mayoría de los dolores de espalda crónicos, no. La cirugía tiene indicaciones concretas y, fuera de ellas, existe un amplio abanico de opciones menos invasivas —ejercicio terapéutico, tratamiento del dolor, infiltraciones y radiofrecuencia guiadas por imagen, bloqueos nerviosos— que se combinan según el mecanismo del dolor. El objetivo de una unidad del dolor es precisamente ordenar esas opciones y reservar lo más invasivo para cuando de verdad aporta.

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