El dolor de espalda crónico es el que persiste más allá de tres o cuatro meses, más tiempo del que tardaría en curar una lesión concreta. Puede aparecer en la zona lumbar (la parte baja, la más habitual), en la zona dorsal (la media) o en la cervical (el cuello), y a veces se irradia hacia una pierna o un brazo. En muchos casos no responde a una única causa, sino a una combinación de factores del cuerpo y del sistema nervioso que aprende a mantener la alarma encendida.
Que una resonancia o una analítica salgan «bien» no significa que tu dolor no sea real: significa que ese tipo de prueba busca daño estructural, y el dolor de espalda crónico puede sostenerse sin una lesión visible que lo explique. En la Unidad del Dolor de Dolentia partimos de ahí: primero entender por qué te duele —el mecanismo—, y solo después decidir qué tratamiento tiene sentido para tu caso.
¿Qué tipos de dolor de espalda hay?
Lumbar, dorsal, cervical o irradiado: bajo la palabra «espalda» caben zonas muy distintas, con causas y tratamientos también distintos.
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¿Qué tipos de dolor de espalda hay?
Lumbar, dorsal, cervical o irradiado: bajo la palabra «espalda» caben zonas muy distintas, con causas y tratamientos también distintos.
Leer explicaciónCerrar«Espalda» es una palabra grande. Bajo ella caben zonas muy distintas, con causas y tratamientos también distintos. Distinguirlas es el primer paso para no tratar a todo el mundo igual.
Además de por su localización, el dolor de espalda se describe por su recorrido: hay dolor local, que se queda en la zona, y dolor irradiado, que baja por una pierna (la clásica ciática) o por un brazo cuando el origen está en el cuello. Ese matiz orienta mucho sobre qué estructura está implicada.
Dolor lumbar (parte baja)
El más frecuente. Aparece en la zona de los riñones y puede irradiarse hacia el glúteo o la pierna. Suele mezclar componentes musculares, articulares, discales y nerviosos.
Dolor dorsal (parte media)
Entre los omóplatos. A menudo se relaciona con la postura mantenida, la tensión muscular y el trabajo estático; conviene descartar otras causas cuando es persistente.
Dolor cervical (cuello)
Puede quedarse en el cuello o subir hacia la cabeza (cefalea cervicogénica) y bajar hacia el brazo. Tiene su propia guía dentro de la unidad.
Dolor irradiado (ciática y similares)
Cuando el dolor viaja por una extremidad suele haber un nervio irritado o comprimido. Cambia el enfoque diagnóstico y las técnicas que pueden ayudar.
¿Por qué me duele la espalda? Causas mecánicas y causas nociplásticas
Casi nunca hay una sola causa: algo mecánico (disco, articulación, músculo, nervio) y algo nociplástico (un sistema nervioso más sensible). La imagen no es el dolor.
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¿Por qué me duele la espalda? Causas mecánicas y causas nociplásticas
Casi nunca hay una sola causa: algo mecánico (disco, articulación, músculo, nervio) y algo nociplástico (un sistema nervioso más sensible). La imagen no es el dolor.
Leer explicaciónCerrarDurante años se explicó el dolor de espalda como un problema puramente «de máquina»: un disco desgastado, una vértebra, una hernia. Esa mirada mecánica es real y sigue siendo importante, pero es incompleta. Hoy sabemos que el dolor persistente tiene, casi siempre, más de un motor.
Las causas mecánicas son las que tienen que ver con la estructura: sobrecarga muscular, articulaciones facetarias, discos, ligamentos o una raíz nerviosa irritada. Explican bien el dolor agudo —el que aparece tras un esfuerzo y mejora en unas semanas— y una parte del crónico.
Las causas nociplásticas son otra cosa. Cuando el dolor se mantiene mucho tiempo, el propio sistema nervioso puede volverse más sensible y seguir generando dolor aunque el tejido que lo originó ya haya sanado. No es que el dolor esté «en tu cabeza»: es un cambio real en cómo el sistema procesa las señales. Por eso hay personas con una resonancia llena de hallazgos y ningún dolor, y otras con una resonancia limpia y un dolor invalidante. La imagen no es el dolor.
En la práctica, el dolor de espalda crónico suele ser una mezcla: algo de mecánica, algo de sensibilización, y factores que echan leña al fuego —mal sueño, estrés sostenido, miedo al movimiento, inactividad—. Tratar solo una parte y olvidar el resto es la razón más común de que un dolor «no se vaya».
¿Cuándo se cronifica el dolor de espalda?
La mayoría de los episodios de dolor de espalda mejoran solos. El problema no es el primer pinchazo, sino cuando el dolor se instala y se vuelve la banda sonora del día a día. De forma orientativa, se habla de dolor crónico cuando persiste más allá de tres meses; pero más importante que el calendario es la trayectoria: si en lugar de ir a mejor el dolor se estabiliza o va conquistando terreno.
Hay factores que aumentan el riesgo de que un dolor de espalda se cronifique, y muchos no tienen que ver con la columna: el miedo a moverse por temor a hacerse daño, evitar toda actividad, dormir mal, atravesar una etapa de estrés o bajón de ánimo, o haber vivido varios episodios previos. Reconocer estas señales a tiempo cambia el pronóstico.
Por eso en Dolentia la valoración no empieza en la consulta, sino antes: al pedir cita recibes una evaluación online con cuestionarios validados que ayudan a estimar qué riesgo tiene tu dolor de cronificarse y en qué dimensiones conviene actuar primero. Cuanto antes se abre esa conversación, más margen hay para reconducir la situación.
El papel de la sensibilización central
Cuando el dolor lleva mucho tiempo, el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a cosas que antes no dolían. El mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo.
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El papel de la sensibilización central
Cuando el dolor lleva mucho tiempo, el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a cosas que antes no dolían. El mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo.
Leer explicaciónCerrarCuando el dolor de espalda lleva mucho tiempo contigo, entra en juego un fenómeno llamado sensibilización central: el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a estímulos que antes no dolían —estar sentada un rato, un gesto cotidiano, el simple roce de la ropa en un mal día—. Es el mismo mecanismo que explica buena parte del dolor de la fibromialgia, y es una pieza clave para entender por qué dos personas con la misma radiografía pueden vivir dolores tan distintos.
La buena noticia es que el mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo. No con un interruptor, sino con un abordaje que combine calmar la señal, recuperar movimiento sin miedo y trabajar los factores que mantienen la alarma encendida. Es un concepto tan central en nuestra forma de trabajar que tendrá pronto su propia guía dentro de esta web; mientras tanto, lo integramos en cada plan de tratamiento de espalda.
¿Qué ejercicio puedo hacer para el dolor de espalda sin que empeore?
Es, con diferencia, la pregunta que más gente se hace. Y la respuesta corta ha cambiado en los últimos años: el reposo prolongado ya no es la recomendación. Quedarse quieto alivia el primer día, pero a medio plazo el sedentarismo debilita, agarrota y suele empeorar el dolor de espalda crónico. El movimiento, bien dosificado, forma parte del tratamiento.
La idea clave es la de ventana de tolerancia: no forzar hasta el dolor, pero tampoco evitarlo todo. Se empieza con movimiento suave y progresivo —caminar, movilidad de columna, ejercicio de fuerza adaptado— y se va subiendo poco a poco, dando al cuerpo la oportunidad de comprobar que moverse es seguro. Que aparezca algo de molestia durante o después no significa que te estés dañando; lo que se evita son los picos bruscos y el «todo o nada».
Dicho esto, «ejercicio» no es una receta única: lo que le va bien a una lumbalgia mecánica puede no encajar en un dolor irradiado o muy sensibilizado. Por eso, más que una tabla genérica sacada de internet, conviene una pauta individual. En Dolentia esa parte la lleva la unidad de fisioterapia, dentro del mismo plan y no como un consejo suelto.
«Me habían dicho que descansara. Lo que me faltaba era alguien que me enseñara a moverme sin miedo.»
¿Cómo se trata el dolor de espalda crónico?
No hay un tratamiento único para el dolor de espalda, sino un abanico que se combina según el mecanismo de cada caso. En Dolentia lo entendemos como una escalera que se recorre de lo menos invasivo a lo más específico, y siempre a partir de una evaluación completa —ninguna técnica se indica «a ciegas».

Ver la escalera de tratamiento, escalón a escalón
1 · Educación y ejercicio terapéutico
La base. Entender el dolor reduce el miedo, y el movimiento pautado recupera capacidad. Es el punto de partida de casi todos los planes, no el último recurso.
2 · Tratamiento del dolor y de los factores que lo mantienen
Abordar sueño, ánimo y estrés cuando alimentan el dolor, con el apoyo de psicología del dolor si el caso lo pide. Aquí se trabaja la sensibilización.
3 · Infiltraciones y radiofrecuencia guiadas
Cuando hace falta una ventana de alivio para poder moverse, se usan técnicas mínimamente invasivas guiadas por imagen (ecografía o radioscopia) en nuestra sala.
4 · Bloqueos nerviosos y neuromodulación
Para dolores más rebeldes o irradiados, técnicas dirigidas al nervio que transmite la señal, reservadas para los casos que las necesitan.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No hace falta esperar a estar desesperada. Si el dolor de espalda dura más de unas semanas, si vuelve una y otra vez, si te está quitando sueño o ganas de hacer planes, o si ya has pasado por varios profesionales sin una explicación que encaje, es un buen momento para una valoración con una mirada completa.
Hay además señales que conviene consultar sin demora —pérdida de fuerza en una pierna, alteraciones para controlar el pis o las heces, adormecimiento en la zona de la entrepierna, fiebre o pérdida de peso sin explicación junto al dolor—. No son lo habitual, pero ante cualquiera de ellas lo prudente es buscar atención médica pronto.
En la Unidad del Dolor de Dolentia no hay listas de espera de meses: pides tu cita y el equipo estudia tu caso para decirte cuál sería el siguiente paso. Sin prometer milagros y sin listas de espera de meses.
«Llevaba años saltando de médico en médico. Lo que necesitaba no era otra prueba, sino que alguien juntara todas las piezas.»
