Tipos de dolor · Artrosis

Artrosis: cuando el desgaste de la articulación duele de más

Artrosis: tratar el dolor cuando el desgaste duele

La artrosis es el desgaste del cartílago que amortigua las articulaciones, y es tan común que muchas personas la ven como una consecuencia inevitable de cumplir años. Pero hay un matiz que lo cambia todo: el desgaste que se ve en una radiografía no siempre explica cuánto duele. En una unidad del dolor no tratamos la imagen, tratamos el dolor. Aquí te contamos, sin tecnicismos, por qué duele una artrosis y qué opciones reales existen para vivir mejor con ella.

Ilustración sobria de una articulación de rodilla en línea dorada sobre fondo oscuro; en el punto de desgaste del cartílago brilla un resplandor cálido y unos finos filamentos nerviosos se irradian hacia fuera, representando que el dolor de la artrosis va más allá del desgaste que se ve en la imagen
La artrosis no es solo hueso gastado: alrededor de la articulación hay inflamación y nervios que amplifican la señal. Por eso el desgaste que se ve en la radiografía no siempre explica lo que de verdad duele.

En 30 segundos

  • La artrosis es un desgaste del cartílago muy frecuente con la edad, pero desgaste no es igual a dolor: hay radiografías muy «gastadas» que duelen poco y otras poco llamativas que duelen mucho.

  • El dolor no viene solo del roce del hueso: influyen la inflamación de la articulación y, cuando se cronifica, una sensibilización del sistema nervioso. Por eso se puede tratar el dolor aunque el cartílago no vuelva a crecer.

  • Lo que tú haces importa mucho: el movimiento adaptado, la fuerza y controlar el peso son de los tratamientos con más respaldo. El reposo total, en cambio, suele empeorar la articulación.

  • Cuando hace falta, hay opciones para calmar el dolor sin pasar por el quirófano: infiltraciones, viscosuplementación y radiofrecuencia.

Da el primer paso

Pide tu cita

Cuéntanos tu caso y te damos hora: en consulta vemos qué le está pasando a tu dolor y cuál sería el siguiente paso. Sin listas de espera de meses.

Pide tu cita

Dr. Martín Rodríguez Banqueri

Nº colegiado 231809963

Unidad del Dolor · Úbeda (Jaén)

La artrosis es la enfermedad articular más frecuente: un desgaste progresivo del cartílago, ese tejido liso que recubre los extremos de los huesos y permite que la articulación se mueva sin rozar. Cuando ese cartílago se adelgaza, la articulación pierde amortiguación, se vuelve más rígida y, en muchas personas, empieza a doler. Aparece sobre todo con la edad y en articulaciones que soportan carga o trabajan mucho —rodilla, cadera y manos son las más habituales—, aunque tenerla no condena a vivir con dolor.

Aquí conviene una precisión importante, porque marca la diferencia entre resignarse y actuar: la artrosis, como cambio en la articulación, es terreno de la traumatología y la reumatología. Lo que aborda una unidad del dolor es otra cosa —el dolor que esa artrosis produce—, y ese dolor tiene más motores de los que parece. En Dolentia partimos de ahí: primero entender por qué te duele —cuánto es desgaste, cuánto inflamación y cuánto un sistema nervioso sensibilizado—, y solo después ordenar las opciones que de verdad ayudan.

¿Qué es la artrosis y por qué duele más de la cuenta?

El desgaste del cartílago es solo una parte de la historia. La articulación entera se irrita, y el dolor puede ir por libre respecto a lo que muestra la radiografía.

Leer explicación

La artrosis se explicó durante mucho tiempo como una simple cuestión de «piezas gastadas»: el cartílago se desgasta, el hueso queda más expuesto y aparecen los famosos osteofitos (los «picos» de hueso). Esa imagen es real, pero se ha quedado corta. Hoy sabemos que la artrosis afecta a toda la articulación como un órgano: el cartílago, sí, pero también el hueso de debajo, la membrana que la recubre, los ligamentos y los músculos que la sostienen.

Y aquí está la clave que casi nadie explica: el cartílago desgastado, por sí solo, no duele —de hecho, apenas tiene terminaciones nerviosas—. El dolor nace sobre todo de lo que ocurre alrededor: la inflamación de la membrana (sinovitis), la irritación del hueso que hay bajo el cartílago, y la tensión de músculos y tendones que intentan proteger la articulación. Por eso una artrosis puede doler mucho en un brote inflamatorio y mucho menos cuando ese brote se calma, aunque el desgaste sea exactamente el mismo.

Esto lleva a una de las frases que más repetimos en consulta: la imagen no es el dolor. Es muy frecuente ver radiografías con una artrosis avanzada en personas que apenas se quejan, y otras con cambios discretos que duelen a diario. Tratar el «grado de artrosis» de un informe, y no a la persona que tienes delante, es una de las razones por las que tanta gente siente que su dolor «no encaja» con lo que le han dicho.

¿El desgaste explica todo mi dolor? La inflamación y la sensibilización

Cuando el dolor lleva meses, entran en juego la inflamación mantenida y un sistema nervioso que «sube el volumen». Reconocerlo cambia por completo el tratamiento.

Leer explicación

Si el desgaste explicara todo el dolor, dos rodillas igual de gastadas dolerían igual. No es lo que vemos. Por eso, cuando una artrosis duele más de lo que su radiografía sugiere, o duele incluso en reposo y por la noche, hay que mirar más allá del cartílago.

El primer motor «extra» es la inflamación. En muchas artrosis, la membrana que envuelve la articulación se irrita y libera sustancias que sensibilizan las terminaciones del dolor de la zona. Es lo que explica los brotes: días en que la articulación se hincha, se calienta y duele más. Esa inflamación no siempre se ve en una radiografía simple, pero se nota, y es tratable.

El segundo motor aparece cuando el dolor se prolonga: la sensibilización. Un sistema nervioso que lleva meses recibiendo señales de dolor puede volverse más sensible y seguir generando dolor aunque la causa inicial no haya cambiado. No significa que el dolor «esté en tu cabeza»: es un cambio real en cómo el sistema procesa las señales, el mismo que aparece en otros dolores crónicos. Reconocerlo importa, porque explica por qué a veces el antiinflamatorio solo no basta, y por qué el abordaje tiene que ir más allá de la articulación. Este mecanismo —el dolor nociplástico— lo desarrollamos con detalle en la guía de fibromialgia y sensibilización central; en la artrosis es una pieza más del rompecabezas, no la excepción.

En la práctica, el dolor de la artrosis suele ser una mezcla: algo de desgaste mecánico, algo de inflamación y, cuando se cronifica, algo de sensibilización, más los factores que echan leña al fuego —mal sueño, estrés, inactividad, kilos de más—. Tratar solo una parte y olvidar el resto es la razón más común de que un dolor articular «no se vaya».

¿Dónde aparece la artrosis? Rodilla, cadera y manos

La misma enfermedad se vive de forma distinta según la articulación. Saber cuál es la tuya orienta tanto lo que puedes hacer como el tratamiento del dolor.

La artrosis puede afectar a casi cualquier articulación, pero tiene sus zonas preferidas. Distinguir dónde está la tuya no es un detalle: la rodilla, la cadera y las manos duelen de manera diferente, limitan cosas distintas y responden a tratamientos también distintos.

Rodilla (gonartrosis)

La más frecuente y la que más limita el día a día. Duele al caminar, subir y bajar escaleras o levantarse de la silla, y a veces se hincha en brotes. Es también donde más opciones específicas de tratamiento del dolor existen, como la radiofrecuencia de los nervios geniculares.

Cadera (coxartrosis)

Da un dolor profundo en la ingle o el glúteo que puede bajar hacia el muslo, con rigidez para calzarse o cruzar las piernas. Suele notarse mucho al iniciar la marcha y tras estar sentado un rato.

Manos

Afecta sobre todo a los dedos y a la base del pulgar (rizartrosis). Da dolor, rigidez matutina y los característicos abultamientos en las articulaciones de los dedos. Interfiere con gestos finos: abrir tarros, girar llaves, coser.

Columna

El desgaste de las articulaciones de la columna participa en muchos dolores de espalda y de cuello, y a veces contribuye a que se estreche el canal por donde salen los nervios. Lo abordamos junto al resto de causas en sus propias guías.

¿Hago ejercicio o lo empeoro? Qué puedes hacer tú con la artrosis

Es la duda que más frena a la gente. Y la respuesta, respaldada por la evidencia, sorprende: moverse bien no gasta la articulación, la cuida. El reposo total es lo que la deteriora.

Existe un miedo muy extendido y muy lógico: «si me duele al moverme, será que me estoy gastando más la articulación, mejor la protejo y descanso». Parece de sentido común, pero es justo al revés. En la artrosis, el movimiento adaptado es uno de los tratamientos con más respaldo científico, por delante de muchas pastillas. El cartílago se nutre del movimiento, y los músculos fuertes alrededor de la articulación la descargan y la estabilizan.

El reposo prolongado, en cambio, debilita la musculatura, aumenta la rigidez y suele empeorar el dolor a medio plazo. La idea clave es la de ventana de tolerancia: ni forzar hasta el dolor intenso, ni evitar todo movimiento. Se empieza suave —caminar, bici estática, ejercicios de fuerza de bajo impacto, movilidad— y se progresa poco a poco. Que aparezca algo de molestia no significa que te estés dañando; lo que se evita son los picos bruscos y el «todo o nada».

Junto al ejercicio, hay dos palancas más que dependen de ti y tienen un impacto enorme, sobre todo en rodilla y cadera. La primera es el peso: cada kilo de menos descarga varios kilos de presión sobre la rodilla al caminar, y perder peso reduce de forma medible el dolor. La segunda es el uso inteligente de la articulación: calzado adecuado, evitar las posturas que más te disparan el dolor y repartir los esfuerzos a lo largo del día. Nada de esto es «apañarse»: es tratamiento de primera línea.

Dicho esto, «ejercicio» no es una receta única, y lo que le va bien a una rodilla puede no encajar en una cadera o en unas manos. Por eso, más que una tabla genérica sacada de internet, conviene una pauta individual. En Dolentia esa parte la lleva la unidad de fisioterapia, dentro del mismo plan y no como un consejo suelto.

«Tenía miedo de que andar me destrozara la rodilla. Lo que necesitaba era que alguien me dijera exactamente cuánto podía moverme y cómo.»
En voz de quien convive con el dolor

¿Cómo se trata el dolor de la artrosis?

El objetivo de una unidad del dolor no es hacer crecer el cartílago —eso no se puede—, sino apagar los motores del dolor para que puedas moverte y vivir mejor.

Ninguna técnica «cura» la artrosis en el sentido de devolver el cartílago perdido. Pero eso no significa que haya que aguantar el dolor: se puede reducir mucho, y con él recuperar movilidad y calidad de vida. En Dolentia lo entendemos como una escalera que se recorre de lo menos invasivo a lo más específico, y siempre a partir de una evaluación completa —ninguna técnica se indica «a ciegas» ni por lo que ponga una radiografía sin más.

En la rodilla, cuando el dolor es persistente y no cede con lo anterior, contamos con una técnica muy útil: la radiofrecuencia de los nervios geniculares, los pequeños nervios que llevan la señal de dolor de la rodilla. Mediante una técnica mínimamente invasiva guiada por imagen se «desactiva» temporalmente esa señal, lo que puede dar meses de alivio sin pasar por el quirófano. Es una de las opciones que más diferencia marca para quien no quiere operarse o no es candidato a prótesis.

Ver la escalera de tratamiento, escalón a escalón

1 · Educación, ejercicio y control del peso

La base, y con más respaldo que ningún fármaco. Entender la artrosis reduce el miedo, el movimiento pautado y la fuerza descargan la articulación, y perder peso alivia de forma medible la rodilla y la cadera. Es el punto de partida de todos los planes, no el último recurso.

2 · Tratamiento del dolor y de lo que lo mantiene

Analgésicos y antiinflamatorios cuando aportan y por el tiempo justo, más el abordaje del sueño, el ánimo y el estrés cuando alimentan el dolor. Aquí se trabaja la sensibilización, con apoyo de psicología del dolor si el caso lo pide.

3 · Infiltraciones y viscosuplementación

Cuando hace falta una ventana de alivio para poder moverse, se llevan fármacos dentro de la articulación mediante técnicas guiadas por imagen: infiltraciones para calmar la inflamación de un brote, o ácido hialurónico (viscosuplementación) para mejorar la lubricación y amortiguación de la articulación.

4 · Radiofrecuencia genicular y neuromodulación

Para artrosis de rodilla con dolor rebelde, la radiofrecuencia de los nervios geniculares interrumpe la señal de dolor y puede dar meses de alivio. Reservada para los casos que de verdad la necesitan tras agotar lo anterior.

¿Cuándo NO es solo «cosas de la edad»?

«Es la edad» es la frase que más veces retrasa un buen tratamiento. La artrosis es común con los años, pero el dolor que te limita la vida nunca es algo que haya que aguantar sin más.

«Son cosas de la edad» es, probablemente, la frase que más daño hace en consulta. Es verdad que la artrosis se vuelve más frecuente con los años, pero de ahí no se sigue que el dolor sea inevitable ni que no haya nada que hacer. Confundir «tener artrosis» con «tener que vivir con dolor» hace que mucha gente aguante durante años algo que se podría aliviar.

Merece la pena una valoración cuando el dolor articular te limita la vida: si te impide caminar, dormir o hacer tus planes; si dura meses y no mejora; si te obliga a tomar antiinflamatorios casi a diario; o si ya has pasado por varios profesionales sin una explicación que encaje ni un plan claro. No hace falta esperar a que la articulación esté «para prótesis» para pedir ayuda con el dolor.

Hay además señales que conviene consultar sin demora, porque no toda articulación que duele es artrosis: una articulación muy caliente, roja e hinchada de forma brusca, dolor con fiebre o malestar general, hinchazón de muchas articulaciones a la vez, o dolor tras un golpe importante. No son lo habitual en la artrosis, pero ante cualquiera de ellas lo prudente es una valoración médica pronta.

En la Unidad del Dolor de Dolentia no hay listas de espera de meses: pides tu cita y el equipo estudia tu caso para decirte cuál sería el siguiente paso. Sin prometer milagros y sin listas de espera de meses.

«Me dijeron que era la edad y que me aguantara. Nadie me había explicado que se podía tratar el dolor sin operarme.»
En voz de quien convive con el dolor

Preguntas frecuentes

Artrosis: lo que más nos preguntáis

¿La artrosis tiene cura?

Hoy no existe un tratamiento que devuelva el cartílago perdido, así que en sentido estricto la artrosis no se «cura». Pero eso no equivale a resignarse: su dolor sí se puede tratar, y muy bien. El objetivo realista es reducir el dolor, mejorar la movilidad y frenar su avance con lo que sí funciona —ejercicio adaptado, control del peso, tratamiento de la inflamación y, cuando hace falta, infiltraciones, viscosuplementación o radiofrecuencia—. Mucha gente pasa de un dolor que le limita la vida a hacer vida casi normal sin que su radiografía haya cambiado. Curar el cartílago no es la meta; recuperar tu vida, sí.

¿El desgaste que se ve en la radiografía explica todo mi dolor?

Casi nunca del todo. El cartílago desgastado apenas tiene terminaciones nerviosas, así que por sí solo duele poco: el dolor nace sobre todo de la inflamación de la articulación, de la irritación del hueso vecino y de la tensión de músculos y tendones, y cuando se cronifica, de un sistema nervioso que se ha vuelto más sensible. Por eso es tan frecuente ver radiografías muy «gastadas» que duelen poco y otras poco llamativas que duelen mucho. La imagen ayuda, pero no es el dolor: se interpreta junto a lo que cuentas y a la exploración, nunca sola. Tratar la radiografía en lugar de a la persona es una causa habitual de tratamientos que no funcionan.

¿Hago ejercicio con artrosis o lo empeoro?

Como norma general, el ejercicio adaptado no gasta la articulación: la cuida, y es uno de los tratamientos con más respaldo de la artrosis. El cartílago se nutre del movimiento y una buena musculatura descarga la articulación. Lo que la deteriora es el reposo prolongado, que debilita y agarrota. La clave está en dosificar dentro de una «ventana de tolerancia»: empezar suave —caminar, bici, fuerza de bajo impacto, movilidad— y progresar poco a poco, sin forzar hasta el dolor intenso pero sin evitarlo todo. Que aparezca algo de molestia no equivale a hacerse daño. Qué ejercicio concreto te conviene depende de tu articulación, por lo que lo ideal es una pauta individual y no una tabla genérica.

¿Me tengo que operar de la artrosis?

En la mayoría de los casos, no, o al menos no todavía. La cirugía de prótesis tiene indicaciones concretas —sobre todo una artrosis muy avanzada con dolor y limitación que no ceden pese a un tratamiento bien hecho— y, fuera de ellas, hay un amplio abanico de opciones menos invasivas: ejercicio y control del peso, tratamiento de la inflamación, infiltraciones, viscosuplementación y, en la rodilla, la radiofrecuencia de los nervios geniculares, que puede dar meses de alivio sin quirófano. Operar antes de tiempo no garantiza un mejor resultado. El papel de una unidad del dolor es ordenar esas opciones y ayudarte a decidir con criterio, reservando la cirugía para cuando de verdad aporta.

Pide tu cita

¿La artrosis te está quitando calidad de vida?

En tu cita vemos cuánto de tu dolor es desgaste, cuánto inflamación y cuánto un sistema nervioso sensibilizado, y cuál sería el siguiente paso para aliviarlo. También puedes llamarnos directamente al 953 89 01 90.

Pide tu cita