El dolor de cuello o cervicalgia es el que aparece en la región cervical —la parte alta de la columna, entre la cabeza y los hombros—. Puede quedarse ahí, en forma de rigidez y tensión, o irradiarse: hacia arriba, subiendo por la nuca hasta la cabeza, o hacia abajo y hacia un lado, bajando por el hombro y el brazo. Es un dolor muy común y, en la mayoría de los casos, no responde a nada grave; pero cuando se instala y se vuelve el compañero del día a día, merece una mirada completa.
Que una radiografía muestre «algo de desgaste cervical» no significa que ese hallazgo sea la causa de tu dolor: los signos de artrosis en el cuello son muy frecuentes a partir de cierta edad y aparecen también en personas sin ninguna molestia. En la Unidad del Dolor de Dolentia partimos de ahí: primero entender por qué te duele el cuello —el mecanismo—, y solo después decidir qué tratamiento tiene sentido para tu caso.
¿Qué es la cervicalgia y qué tipos hay?
Cervicalgia es el nombre médico del dolor de cuello. Puede ser local (se queda en la nuca), irradiado al brazo (cervicobraquialgia) o subir hacia la cabeza. Distinguirlos orienta el tratamiento.
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¿Qué es la cervicalgia y qué tipos hay?
Cervicalgia es el nombre médico del dolor de cuello. Puede ser local (se queda en la nuca), irradiado al brazo (cervicobraquialgia) o subir hacia la cabeza. Distinguirlos orienta el tratamiento.
Leer explicaciónCerrarCervicalgia es, simplemente, el término médico para el dolor de cuello. Bajo esa palabra caben cuadros bastante distintos, y separarlos es el primer paso para no tratar a todo el mundo igual. Lo que más orienta no es tanto la intensidad como el recorrido del dolor: dónde empieza y hacia dónde viaja.
Además, el dolor de cuello se describe por su duración. El agudo aparece de golpe —una mala postura al dormir, un latigazo, un gesto brusco— y suele ceder en unos días o semanas. El crónico es el que persiste más allá de unos tres meses o el que va y viene una y otra vez, y es el que más se beneficia de una valoración especializada.
Cervicalgia local (nuca y trapecios)
El dolor y la rigidez se quedan en el cuello y los hombros. Suele mezclar tensión muscular, sobrecarga postural y trabajo estático frente a la pantalla. Es el patrón más común.
Dolor cervical que sube a la cabeza
Desde el cuello, el dolor asciende por la nuca y se transforma en dolor de cabeza. Es la conexión cuello-cabeza (cefalea cervicogénica y tensional), y tiene su propia sección aquí.
Cervicobraquialgia (baja al brazo)
Cuando el dolor viaja por el hombro y el brazo, a veces con hormigueo o pérdida de fuerza, suele haber una raíz nerviosa cervical irritada. Cambia el enfoque diagnóstico.
Cervicalgia tras un latigazo
El dolor que aparece después de un accidente de tráfico o una sacudida brusca del cuello. Puede prolongarse y sensibilizarse más de lo que la lesión inicial explicaría.
¿Por qué me duele el cuello? Causas de la cervicalgia
Tensión muscular, articulaciones cervicales (las facetas), discos, una raíz nerviosa irritada… y, cuando dura, un sistema nervioso más sensible. La imagen no es el dolor.
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¿Por qué me duele el cuello? Causas de la cervicalgia
Tensión muscular, articulaciones cervicales (las facetas), discos, una raíz nerviosa irritada… y, cuando dura, un sistema nervioso más sensible. La imagen no es el dolor.
Leer explicaciónCerrarLa mayor parte de los dolores de cuello son lo que llamamos cervicalgia mecánica: dolor que nace de las estructuras de la propia columna cervical y de su musculatura. La postura mantenida —horas frente al ordenador o el móvil, con la cabeza adelantada—, el estrés que se descarga en los trapecios y la falta de movimiento son el caldo de cultivo más habitual.
Entre las estructuras que pueden generar dolor están las articulaciones facetarias (las pequeñas articulaciones que unen las vértebras por detrás y permiten girar e inclinar el cuello), los discos intervertebrales, los músculos y los ligamentos. Cuando además se irrita una raíz nerviosa, el dolor baja por el brazo. Cada una de esas fuentes se explora y se trata de forma distinta.
Un matiz que cambia la conversación: la imagen no es el dolor. Es muy frecuente encontrar «desgaste cervical», protrusiones o rectificación de la curva en resonancias de personas sin ninguna molestia, y también lo contrario: cuellos que duelen mucho con pruebas poco llamativas. Por eso una radiografía o una resonancia nunca se interpretan solas, sino junto a lo que cuentas y a la exploración.
Y cuando el dolor de cuello se prolonga, casi siempre entra en juego un segundo motor: un sistema nervioso que se ha vuelto más sensible y mantiene la alarma encendida aunque el desencadenante inicial haya pasado. Tratar solo la parte mecánica y olvidar esta es la razón más común de que una cervicalgia «no se vaya».
El cuello y la cabeza: cefalea cervicogénica y tensional
Muchos dolores de cabeza no nacen en la cabeza, sino en el cuello. Entender esa conexión es clave: es un territorio que la unidad del dolor sí puede tratar.
Una de las cosas que más sorprende a quien tiene dolor de cuello es descubrir que buena parte de sus dolores de cabeza empiezan, en realidad, ahí abajo. Los primeros niveles de la columna cervical comparten conexiones nerviosas con la zona de la nuca y la cabeza, y por eso una tensión o un problema en el cuello puede «proyectarse» hacia arriba y sentirse como cefalea.
La cefalea cervicogénica es justamente eso: un dolor de cabeza cuyo origen está en el cuello. Suele notarse en un lado, empezar en la nuca y subir hacia la sien o detrás del ojo, y a menudo se acompaña de rigidez cervical y de dolor que empeora con ciertos movimientos o posturas del cuello. La cefalea tensional, la más común de todas, se vive como una banda o un casco que aprieta la cabeza, y se alimenta mucho de la tensión muscular del cuello y los hombros y del estrés sostenido.
Conviene ser claros con una cosa: hablamos de dolores de cabeza que nacen de la tensión y del cuello, no de la migraña. La migraña es otra entidad, con su propio mecanismo y su propio abordaje, y su terreno natural es la neurología. Lo que sí entra de lleno en el campo de una unidad del dolor es la cefalea que tiene su raíz en la columna cervical: cuando se identifica bien, actuar sobre el cuello —con fisioterapia, bloqueos de los nervios de la nuca o técnicas sobre las articulaciones cervicales— puede mejorar también ese dolor de cabeza.
«Llevaba años tratándome los dolores de cabeza por mi cuenta. Nadie me había dicho que salían del cuello.»
Cuando el dolor de cuello se cronifica: el papel de la sensibilización
Si el dolor lleva mucho tiempo, el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a cosas que antes no dolían. El mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo.
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Cuando el dolor de cuello se cronifica: el papel de la sensibilización
Si el dolor lleva mucho tiempo, el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a cosas que antes no dolían. El mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo.
Leer explicaciónCerrarCuando el dolor de cuello se prolonga durante meses, entra en juego un fenómeno llamado sensibilización central: el sistema nervioso «sube el volumen» y responde con dolor a estímulos que antes no molestaban —una postura mantenida, un poco de tensión, el gesto de girar la cabeza en un mal día—. Es el mismo mecanismo que explica buena parte del dolor de la fibromialgia, y ayuda a entender por qué dos personas con radiografías cervicales parecidas viven dolores tan distintos.
La buena noticia es que el mismo sistema que aprendió a doler puede aprender a dejar de hacerlo. No con un interruptor, sino con un abordaje que combine calmar la señal, recuperar movimiento del cuello sin miedo y trabajar los factores que mantienen la alarma encendida —mal sueño, estrés, tensión sostenida—. Es un concepto tan central en nuestra forma de trabajar que tendrá pronto su propia guía en esta web; mientras tanto, lo integramos en cada plan de tratamiento del cuello.
¿Qué ejercicios van bien para el cuello sin que empeore?
Es la pregunta que más gente se hace. Y la respuesta ha cambiado: el «cuello quieto» no es la recomendación. El movimiento suave y progresivo forma parte del tratamiento.
Durante años el consejo fue proteger el cuello y moverlo lo menos posible, e incluso llevar collarín. Hoy sabemos que inmovilizar el cuello de forma prolongada no es la recomendación: alivia el primer día, pero a medio plazo la musculatura se debilita, la zona se agarrota y el dolor de cuello suele ir a peor. El movimiento, bien dosificado, forma parte del tratamiento.
La idea clave es la de ventana de tolerancia: ni forzar hasta el dolor, ni evitarlo todo. Suele empezarse con movilidad suave del cuello, ejercicios para soltar la tensión de trapecios y nuca, y trabajo progresivo de la musculatura que sostiene la columna cervical y estabiliza los omóplatos. A eso se suma algo tan poco vistoso como decisivo: revisar la postura de trabajo, la altura de la pantalla y las pausas, porque el cuello se resiente sobre todo de lo que le pedimos muchas horas al día.
Dicho esto, «ejercicio» no es una receta única: lo que le va bien a una cervicalgia por tensión postural puede no encajar en un dolor irradiado al brazo o muy sensibilizado. Por eso, más que una tabla genérica sacada de internet, conviene una pauta individual. En Dolentia esa parte la lleva la unidad de fisioterapia, dentro del mismo plan y no como un consejo suelto.
¿Cómo se trata el dolor de cuello crónico?
No hay un tratamiento único para el dolor de cuello, sino un abanico que se combina según el mecanismo de cada caso. En Dolentia lo entendemos como una escalera que se recorre de lo menos invasivo a lo más específico, y siempre a partir de una evaluación completa: ninguna técnica se indica «a ciegas» ni por lo que ponga una resonancia sin más.

Ver la escalera de tratamiento, escalón a escalón
1 · Educación, fisioterapia y ejercicio terapéutico
La base. Entender el dolor de cuello reduce el miedo, y la fisioterapia —movilidad, trabajo muscular y corrección postural— recupera capacidad. Es el punto de partida de casi todos los planes, no el último recurso.
2 · Tratamiento del dolor y de los factores que lo mantienen
Abordar el sueño, el estrés y la tensión sostenida cuando alimentan el dolor, con apoyo de psicología del dolor si el caso lo pide. Aquí se trabaja la sensibilización que perpetúa la cervicalgia crónica.
3 · Infiltración y bloqueo de las ramas mediales cervicales
Cuando el dolor procede de las articulaciones facetarias del cuello, se puede bloquear con anestésico la rama medial —el pequeño nervio que las inerva— mediante una técnica guiada por imagen. Sirve además para confirmar que esa articulación es la responsable.
4 · Radiofrecuencia facetaria cervical
Cuando el bloqueo confirma el origen facetario y el alivio es temporal, la radiofrecuencia sobre esas ramas mediales busca un alivio más duradero. Reservada para los casos que de verdad la necesitan tras agotar lo anterior.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No hace falta esperar a estar desesperada. Si el dolor de cuello dura más de unas semanas, si vuelve una y otra vez, si te está quitando sueño o concentración, si se acompaña de dolores de cabeza frecuentes, o si ya has pasado por varios profesionales sin una explicación que encaje, es un buen momento para una valoración con una mirada completa.
Hay además señales que conviene consultar sin demora: pérdida de fuerza o adormecimiento en un brazo o una mano que van a más, falta de coordinación o problemas para caminar, dolor de cuello tras un golpe o accidente importante, o fiebre y malestar general junto a un cuello muy rígido. No son lo habitual, pero ante cualquiera de ellas lo prudente es buscar atención médica pronto.
En la Unidad del Dolor de Dolentia no hay listas de espera de meses: pides tu cita y el equipo estudia tu caso para decirte cuál sería el siguiente paso. Sin prometer milagros y sin listas de espera de meses.
«Pensaba que tener el cuello cargado era lo normal de trabajar sentada. No sabía que se podía tratar de verdad.»
