El dolor de rodilla crónico es el que persiste durante meses y deja de responder al reposo y a los analgésicos de siempre. La rodilla es una de las articulaciones que más carga soporta del cuerpo, y en ella conviven hueso, cartílago, meniscos, ligamentos, tendones y una densa red de nervios. Por eso el dolor puede venir de sitios muy distintos, y por eso «me duele la rodilla» no es todavía un diagnóstico: es el punto de partida para averiguar qué estructura y qué mecanismo lo están manteniendo.
Que una radiografía muestre desgaste no significa automáticamente que haya que operar, ni que ese desgaste sea la única causa de tu dolor. En la Unidad del Dolor de Dolentia partimos de ahí: primero entender por qué te duele la rodilla —el mecanismo—, y solo después decidir qué tratamiento tiene sentido, empezando siempre por lo menos invasivo. La cirugía es una herramienta más, con indicaciones concretas, no el final inevitable del camino.
¿Por qué me duele la rodilla? Artrosis, tendinopatías y dolor tras la prótesis
Las tres causas más habituales del dolor de rodilla crónico: el desgaste articular (artrosis o gonartrosis), los tendones sobrecargados y el dolor que sigue después de una prótesis.
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¿Por qué me duele la rodilla? Artrosis, tendinopatías y dolor tras la prótesis
Las tres causas más habituales del dolor de rodilla crónico: el desgaste articular (artrosis o gonartrosis), los tendones sobrecargados y el dolor que sigue después de una prótesis.
Leer explicaciónCerrarLa causa más conocida es la artrosis de rodilla, también llamada gonartrosis: el desgaste progresivo del cartílago que amortigua la articulación. Es más frecuente a partir de cierta edad y suele dar dolor al cargar peso, al subir y bajar escaleras y rigidez tras estar un rato parado. Ahora bien, la artrosis es tan común en las radiografías que encontrarla no cierra la conversación: hay personas con mucho desgaste y poco dolor, y otras con una imagen discreta y un dolor importante. La artrosis merece su propia guía dentro de esta web, porque el desgaste articular va mucho más allá de la rodilla; aquí nos centramos en cómo se traduce en dolor y qué se puede hacer.
Las tendinopatías son la segunda gran familia: tendones sobrecargados o irritados, como el tendón rotuliano (la clásica «rodilla del saltador») o el cuadricipital. Aparecen sobre todo con el gesto repetido, el deporte o los cambios bruscos de actividad, y tienen la particularidad de que el reposo total rara vez las cura: el tendón necesita carga bien dosificada para recuperarse.
Y hay una situación que genera mucho desconcierto: el dolor que persiste tras una prótesis de rodilla. La mayoría de las prótesis funcionan bien, pero una parte de los pacientes sigue con dolor pese a que la cirugía «ha salido bien» y los controles son correctos. No es que se lo inventen ni que la prótesis esté mal puesta: a menudo intervienen tendones y partes blandas irritados y, sobre todo, un sistema nervioso que se ha quedado sensibilizado. Ese dolor también se puede tratar.
Existen además otras causas —lesiones de menisco, problemas del cartílago rotuliano, bursitis, o dolor referido desde la cadera o la espalda—. Lo importante es que no todos los dolores de rodilla son iguales ni se tratan igual, y que el objetivo de una valoración es precisamente distinguirlos.
¿Por qué duele la rodilla aunque la radiografía «no sea para tanto»?
Porque la imagen no es el dolor. El desgaste que se ve en una prueba no predice cuánto duele, y cuando el dolor se prolonga el sistema nervioso puede quedar sensibilizado.
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¿Por qué duele la rodilla aunque la radiografía «no sea para tanto»?
Porque la imagen no es el dolor. El desgaste que se ve en una prueba no predice cuánto duele, y cuando el dolor se prolonga el sistema nervioso puede quedar sensibilizado.
Leer explicaciónCerrarDurante años se explicó el dolor de rodilla como un problema puramente mecánico: cartílago gastado, hueso contra hueso. Esa mirada es real y sigue importando, pero es incompleta. Hoy sabemos que el grado de desgaste que se ve en una radiografía o una resonancia no predice bien cuánto duele una rodilla. La imagen no es el dolor.
Cuando el dolor se mantiene mucho tiempo, entra en juego la sensibilización: el sistema nervioso «sube el volumen» y sigue generando dolor aunque el daño del tejido sea moderado o ya se haya estabilizado. No significa que el dolor esté «en tu cabeza»: es un cambio real en cómo el sistema procesa las señales, el mismo fenómeno que explica por qué dos rodillas con la misma imagen pueden doler de forma tan distinta. Es un mecanismo que compartimos con otros dolores crónicos y que desarrollamos en la guía del dolor de espalda crónico.
A esto se suman factores que echan leña al fuego: la debilidad muscular, el exceso de peso que sobrecarga la articulación, el mal sueño, el estrés sostenido y el miedo a moverse. Tratar solo el cartílago y olvidar el resto es una de las razones más comunes de que un dolor de rodilla «no se vaya» ni con pastillas ni con reposo.
¿Qué puedo hacer yo con el dolor de rodilla: cuádriceps, peso y movimiento?
Es la pregunta que más gente se hace, y aquí la respuesta tiene mucho peso: fortalecer el cuádriceps y cuidar el peso son, con evidencia, dos de las medidas que más ayudan.
En la rodilla, más que en casi ninguna otra articulación, hay dos palancas que están en tu mano y que funcionan. La primera es la fuerza del cuádriceps, el gran músculo de la parte delantera del muslo: cuando se fortalece, estabiliza la rodilla, reparte mejor la carga y reduce el dolor. Es una de las medidas con más respaldo en la artrosis de rodilla, y por eso el ejercicio no es «un apoyo», sino un tratamiento de primera línea.
La segunda es el peso. Cada kilo de más multiplica la carga que atraviesa la rodilla a cada paso, así que reducir incluso un poco de peso alivia de forma tangible el dolor y frena la progresión del desgaste. No se trata de perseguir un número ideal, sino de que cualquier cambio en la buena dirección cuenta.
¿Y el reposo? El reposo absoluto prolongado ya no es la recomendación: alivia el primer día, pero a medio plazo el músculo se debilita, la rodilla se agarrota y el dolor suele ir a peor. La idea clave es la de ventana de tolerancia: moverse dentro de lo que la rodilla admite, sin forzar hasta el dolor pero sin evitarlo todo, y progresar poco a poco. Qué ejercicio concreto conviene depende de la causa —no es lo mismo una artrosis que una tendinopatía o una prótesis dolorosa—, así que más que una tabla genérica de internet, lo ideal es una pauta individual. En Dolentia esa parte la lleva la unidad de fisioterapia, dentro del mismo plan.
«Me habían dicho que no forzara la rodilla y que esperara a operarme. Nadie me había explicado que fortalecer la pierna era, justamente, parte del tratamiento.»
¿Cómo se trata el dolor de rodilla crónico sin cirugía?
No hay un tratamiento único para el dolor de rodilla, sino un abanico que se combina según la causa y el mecanismo de cada caso. En Dolentia lo entendemos como una escalera que se recorre de lo menos invasivo a lo más específico, y siempre a partir de una evaluación completa: ninguna técnica se indica «a ciegas» ni por lo que ponga una radiografía sin más. La cirugía se reserva para cuando de verdad aporta; antes hay mucho camino.

Ver la escalera de tratamiento, escalón a escalón
1 · Educación, ejercicio y control del peso
La base, y con más evidencia de lo que suele pensarse. Fortalecer el cuádriceps, recuperar movilidad y aligerar la carga sobre la articulación es el punto de partida de casi todos los planes, no el último recurso.
2 · Infiltraciones y viscosuplementación
Cuando hace falta una ventana de alivio para poder moverse, se pueden llevar medicación o ácido hialurónico (viscosuplementación, un «lubricante» para la articulación) dentro de la rodilla, con técnica guiada. Buscan calmar el dolor para que el ejercicio funcione.
3 · Radiofrecuencia genicular
Para el dolor de rodilla que no cede —incluida la artrosis avanzada en quien no quiere o no puede operarse, y algunas prótesis dolorosas—, se actúa sobre los nervios geniculares que llevan la señal de dolor de la rodilla, mediante radiofrecuencia guiada por imagen. Es una técnica mínimamente invasiva, sin cirugía abierta.
4 · Abordaje del dolor sensibilizado y de lo que lo mantiene
Cuando el sistema nervioso se ha quedado «encendido», se trabaja también la sensibilización, el sueño, el ánimo y el miedo al movimiento, con apoyo de psicología del dolor si el caso lo pide. Es lo que distingue tratar la rodilla de tratar a la persona que convive con el dolor.
¿Cuándo sí conviene operar la rodilla?
Reservar la cirugía no significa descartarla. La prótesis de rodilla es una de las operaciones más eficaces de la traumatología moderna y, bien indicada, devuelve calidad de vida a muchísimas personas. La cuestión no es «operar sí o no» en abstracto, sino cuándo y para quién.
En términos generales, la cirugía se plantea cuando hay un desgaste avanzado que encaja con el dolor, cuando este es incapacitante y persiste pese a un tratamiento conservador bien hecho durante un tiempo razonable, y cuando limita de forma seria la vida diaria. Fuera de esos casos, operar antes de tiempo no garantiza un mejor resultado a largo plazo, y precisamente el papel de una unidad del dolor es ayudarte a ordenar las opciones y a decidir con criterio, sin empujar hacia el quirófano ni alejarte de él por sistema.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
No hace falta esperar a estar desesperada. Si el dolor de rodilla dura más de unas semanas, si vuelve una y otra vez, si te está quitando sueño o ganas de hacer planes, o si ya has pasado por varios profesionales sin una explicación que encaje, es un buen momento para una valoración con una mirada completa.
Hay además señales que conviene consultar sin demora: una rodilla muy hinchada, caliente y enrojecida de forma brusca, fiebre acompañando al dolor, un bloqueo que impide estirar o doblar la pierna, una inestabilidad que hace que la rodilla «se vaya», o un dolor intenso tras un golpe fuerte. No son lo habitual, pero ante cualquiera de ellas lo prudente es buscar atención médica pronto.
En la Unidad del Dolor de Dolentia no hay listas de espera de meses: pides tu cita y el equipo estudia tu caso para decirte cuál sería el siguiente paso. Sin prometer milagros y sin listas de espera de meses.
«Iba mentalizada de que lo siguiente era pasar por quirófano. Salí sabiendo que había cosas que probar antes, y con un plan concreto.»
